Mis cuentos a pedazos
Para mi no hay nada peor que las tardes soleadas de domingo. El polvo en la piel, el viento, el reflejo del sol en los cofres de los autos, el sonido lejano de los pasos y su gente caminando por las calles y el ir y venir de las hojas y las palomas me dan ganas de llorar. Me resultan casi insoportables los días que nunca son: grises, casi apagados, ausentes en sí mismos y sin sol y sin luna pero con luz. Esos días de avenidas húmedas y tornasoles, exactamente esos que semejan una mujer teñida de rubio que corre con un abrigo y sus manos en los bolsillos, con las medias rotas y los ojos sucios de tanto llorar. Esos días que se escurren en su tiempo como la miel, pesada y lentamente.
No hay peor amanecer que el que se anuncia como si fuera a predecir el fin del mundo. Ese que es claro, transparente, luminoso y cándido. Ese mismo que te indica el inicio de un día que ansias porque acabe, que pase pronto y que el sol que lo mantiene vivo se extinga como fósforo y su ausente calor y lastimera luminosidad permanezcan sólo como un punto rojo en el horizonte.
No soporto los atardeceres que queman y lastiman y hieden. Esos donde todo parece evaporarse a escasos metro y medio del suelo. Y ahí te tienes, caminando entre gasolina recién exhalada, carbón hecho humo, basura, sudor, pies, alientos, comida, perros muertos, cigarros a medio apagar, mierda.
El transcurrir de las horas de mi ausente sueño, parecen multiplicarse por mil cuando los autos de fin de semana apresuran en su desvelo, el encuentro con la oruga tricolor sólo para llegar y gritarle que cambie y que lo haga rápido. Y las patrullas y ambulancias que también gritan, llevan en su reclamo lo único que entrecorta la inmensa cortina de viento helado que me encierra aún más en las paredes de mi casa.
Los días parecerían ser tan incomparables entre sí, pero a mí me resultan iguales en su atrocidad. Sólo las tardes lluviosas alivian las semanas que entre más juntas, más tiempo pasa y menos me reconozco entre ellas, porque es precisamente en su trayecto que la humedad se manifiesta, que es para todos sin que escape uno solo, que es fuerte porque acalla los ruidos de la calle, que te protege de los demás llevándoselos lejos y que te deja solo, para que a su resguardo y en secreto, sin que nadie lo note, puedas llorar.
(Llueve)
Las tardes de domingo son, a veces, soleadas y somnolientas, otras nubladas y con viento que sabe a tierra. El paso de las horas se hace eterno; tanto, que los sentimientos en estos días se confunden con los recuerdos. Olvido. No puedo precisar el día que me caí por primera vez tratando de patear una pelota, mucho menos el atardecer en que mi primer hombre se fue dejando sólo el rastro de su presencia en la esquina de la calle. También me resulta imposible sentir esa fascinación pueril por las albercas y, de igual forma, las manos de un adolescente sobre mis pechos. Por eso, ahora que camino entre parejas que se besan tomadas de las manos y niños que juegan a no alcanzarse, no puedo evitar que la vida me arranque una sonrisa por ser el refugio de la evocación de algo que nos ha pertenecido a todos, aunque sea una vez.
(Sin título)
Miedo,
sólo una vez lo tuviste y eso te costó la vida,
pero a cambio nos dejaste domingos
llenos de vasos con coca y grasa en las manos de los niños,
tan suave y cálida,
como la sangre que derramaste
por un mundo que ya estaba perdido
y crucificado mucho antes.
(Advertencia de un viaje corto)
Ahora que estoy por enviar esta nota han transcurrido varias horas. Aún sigo sin conciliar el sueño; el frío ya no es más. Hace calor. El sol entra por la ventana con una fuerza que sólo me indica que tengo que levantarme y salir de este cuarto a matar las horas como si fueran prostitutas viejas: cruelmente y sin lástima, o lo que es igual: inútilmente. Espero con ansia cualquier tipo de mensaje para estar segura que ha recibido mis notas, pero sobre todo, que aun está conmigo
(Tiros de piedra)
En estos domingos de primavera las calles se tornan diferentes, nuevas; peligrosas. Calor y silencio. Aire y carros estacionados, inertes; en paz. El sol escurre por las ventanas de los edificios. Su reflejo resbala en las hojas de los árboles y estampa el color dorado como sonrisa falsa en el centro de todas las flores. Bugambilias y jacarandas. Estío. Sopor. El crujir sediento del piso, ausente de huellas, hojas o gatos me inquieta. Las fracturas en el me hacen sentir viejo y solo, muy solo.
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Friday, July 17, 2009
Sunday, February 15, 2009
Un poema muy, muy viejo
El pecho acribillado por latidos:
pum, pum, pum.
Temblor. Movimiento.
Los músculos se contraen cada vez más
y las fauces se abren.
Mi cuerpo necesita cansarse y ser oprimido.
Ya no soporto la ligereza de mis piernas
y el aire que se acuesta sobre mi.
La boca se humedece y mi sexo babea;
gota a gota los pechos se endurecen.
(Como extraño lo que no conozco.
Como ansío lo que solo a escondidas he visto).
Tras mi puerta,
se oyen rumores, quejidos y golpecillos.
Si no estoy mal, se cogen a mi madre:
arriba, abajo, arriba, abajo.
Susurros. Silencios. Sonrisas.
Fatuo, ínfimo, fugaz.
Mutuo, intimo, voraz.
Sólo necesito calma y descanso;
sólo necesito que alguien me corte el aliento.
Frágil seducción;
maniatado ritmo.
Una embestida sin desnudez,
orgasmo acallado;
redada,
sexo nada más
pum, pum, pum.
Temblor. Movimiento.
Los músculos se contraen cada vez más
y las fauces se abren.
Mi cuerpo necesita cansarse y ser oprimido.
Ya no soporto la ligereza de mis piernas
y el aire que se acuesta sobre mi.
La boca se humedece y mi sexo babea;
gota a gota los pechos se endurecen.
(Como extraño lo que no conozco.
Como ansío lo que solo a escondidas he visto).
Tras mi puerta,
se oyen rumores, quejidos y golpecillos.
Si no estoy mal, se cogen a mi madre:
arriba, abajo, arriba, abajo.
Susurros. Silencios. Sonrisas.
Fatuo, ínfimo, fugaz.
Mutuo, intimo, voraz.
Sólo necesito calma y descanso;
sólo necesito que alguien me corte el aliento.
Frágil seducción;
maniatado ritmo.
Una embestida sin desnudez,
orgasmo acallado;
redada,
sexo nada más
Tuesday, September 16, 2008
Casi nunca tengo miedo, solo me destruye la incertidumbre
En la vida de todos las cosas más o menos pasan. Viene una mujer de vestido rojo, cabello largo y zapatos de tacón a pasar de largo frente al restaurante donde un hombre, a solas, medio come y despacito, sin casi notarlo, le medio roba el corazón de tajo al pobre y de paso lo excita. La vida va medio pasando y ellos se van conociendo a medias, tocándose a tientas (porque esta no es la única forma de erizarnos la piel del cuello) y abrazándose de vez en cuando. Las tardes de jueves pasan tan a medias, sin contratiempos que uno simplemente no las nota o no las toma como algo importante, hasta que nos medio despertamos una mañana de sábado con cruda, el cabello en estallido y mal aliento, para darnos cuenta de que ya han pasado años de medio estar juntos, de medio amarse y cogerse en el baño por pura comodidad y en la cama por costumbre dada. De engañarse mucho y de manera inconstante. Y es ahí precisamente cuando uno medio no lo nota o medio lo esconde para hacerse el desentendido (o de plano pendejo), de que todo ha ido medio transcurriendo como no lo deseábamos del todo, que hubieron episodios que estuvieron medio de la chingada, y que nos hubiera parecido más o menos bien el que dos o tres cosas no hubieran jamás sucedido o pasado de manera más o menos diferente, ó de largo al menos. Más o menos casi como empezó todo, recuerdas?
(Pausa Nocturna)
Indicio:
Dependo, existo, dependo
Ahora sé; antes no
Tras mi espalda,
Los árboles crecen y el suelo no se moja
Ni llora, ni resbala.
Tras mi espalda
Finge amores y colores:
Escudriña, se esconde y aguarda…
Esto sólo ha sido un simulacro
Tú ya sabías que soy así: volátil, inconclusa y con una capacidad de seducción y enamoramiento que casi espanta. El ritmo, las luces, los espacios fríos: tu lugar, el mío a medias y la música. Los secretos gustos y las desavenencias. Así somos tu y yo, así de parecidos y tan así de amalgamados… a ratos, de seis a dos y de viernes a lunes. De bar en bar, de auto a auto, de beso robado en beso robado, de miradas a medias que a veces dicen tanto a otras que lo son tanto que mejor no decimos nada.
Amor de calle a oscuras y desamor de siempre porque la verdad, en verdad, no existe casi nunca. – Para ahora y abrázame – dije. – Paro aquí y te toco y te veo y no digo nada – dijiste.
No pares entonces y deja que mi corazón se revuelque cono niño en tina, como fritura en aceite hirviendo, como pez en ahogo, como corazón contraído de amor, de espanto, de vergüenza, de ganas, de dolor y de espanto. Y es que tu sabes que te tengo a medias, en espasmos, diluido, transparente y en evanescencia. A trote de yegua en calor ardido y creciendo; a galope con la crin al seno que fricciona y revienta y agiliza este pecho tan ávido de tus manos toscas que se crispan, y sus nervios que no tiemblan, que no vacilan y están y que no me tocan y si, pero no hoy mejor mañana, mejor de una vez; mejor nunca, nunca jamás.
Mejor así de repente, de aprisionamiento adolescente y de ganas mi hombre, muchas ganas.
(Pausa Nocturna)
Indicio:
Dependo, existo, dependo
Ahora sé; antes no
Tras mi espalda,
Los árboles crecen y el suelo no se moja
Ni llora, ni resbala.
Tras mi espalda
Finge amores y colores:
Escudriña, se esconde y aguarda…
Esto sólo ha sido un simulacro
Tú ya sabías que soy así: volátil, inconclusa y con una capacidad de seducción y enamoramiento que casi espanta. El ritmo, las luces, los espacios fríos: tu lugar, el mío a medias y la música. Los secretos gustos y las desavenencias. Así somos tu y yo, así de parecidos y tan así de amalgamados… a ratos, de seis a dos y de viernes a lunes. De bar en bar, de auto a auto, de beso robado en beso robado, de miradas a medias que a veces dicen tanto a otras que lo son tanto que mejor no decimos nada.
Amor de calle a oscuras y desamor de siempre porque la verdad, en verdad, no existe casi nunca. – Para ahora y abrázame – dije. – Paro aquí y te toco y te veo y no digo nada – dijiste.
No pares entonces y deja que mi corazón se revuelque cono niño en tina, como fritura en aceite hirviendo, como pez en ahogo, como corazón contraído de amor, de espanto, de vergüenza, de ganas, de dolor y de espanto. Y es que tu sabes que te tengo a medias, en espasmos, diluido, transparente y en evanescencia. A trote de yegua en calor ardido y creciendo; a galope con la crin al seno que fricciona y revienta y agiliza este pecho tan ávido de tus manos toscas que se crispan, y sus nervios que no tiemblan, que no vacilan y están y que no me tocan y si, pero no hoy mejor mañana, mejor de una vez; mejor nunca, nunca jamás.
Mejor así de repente, de aprisionamiento adolescente y de ganas mi hombre, muchas ganas.
La noche sigue con su rumor de autos, de gente, de pasos, de vino, de cigarros, de noche, de segundos… 11:45 con 11, 12, 13, 14 1,5 y se me van las ganas de que me tengas y es que no se que chingados hago con estas pasiones que me corrompen y me fastidian y me hacen sentir tan viva, mi amor, tan viva.
Ahora que los segundos se me esfuman, siento mi piel en expansión y suavizada por las caricias de nadie que no seas tu. Luego entonces, que sea lo que sea, sea, ente tú, yo y estas palpitaciones que amenazan con abrirme el pecho para correr, abrir tu ventana, meterse en tus sábanas y abrazarte, no siempre, no mañana pero esta noche te lo juro, por siempre.
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